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Nudus, una película que siembra en el desierto

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Por Héctor “el Trejonauta” Espinosa

Las primera imágenes de Nudus, nueva cinta del realizador Gibrán Bazán (El Buquinista, Arritmia, Generación Spielberg) son desconcertantes: una mujer que parece que está despertando aparece frente a una mesa con pantallas holográficas. Su visión borrosa apenas si alcanza que está en un cuarto blanco donde hay una máquina de escribir vieja y una pata de tiranosaurio, así como una presencia humanoide monstruosa que parece tener tres cabezas y seis piernas que la observa desde el otro lado.

Como periodista a quien le ha tocado cubrir algunos de los estrenos nacionales más conocidos, fue una sorpresa encontrarme con algo tan diferente como Nudus, una película que a todas luces se sale del molde. No, me quedo corto, de todos los moldes conocidos y no exagero. Con una estética impecable, unos diálogos que nos voltean toda la trama como al minuto veinte y actuaciones que sorprenden por mantener siempre un tono neutro que en ningún momento suena falso, Nudus acentúa las palabras sin censura que de buenas a primeras lanza el interrogador Franz (Alex Crusa) a su víctima cautiva Laura (Carla Hernández).

Después de las imágenes desconcertantes que al principio invitan al espectador a entrar a esa atmósfera como de sueño lleno de una luz nebulosa blanca, los diálogos de Nudus comienzan el primer acto con precisiones eróticas de las infidelidades del personaje de Laura. Sorprende la actuación de Alex Crusa, cuando sin pestañear le recuerda a Laura antiguas confesiones de su ex amante, a quien le gustaba que ella le hiciera sexo oral y luego terminar en su boca.

Así, de forma casi clínica, el captor le recuerda a su cautiva lo que hizo, cuando lo hizo y cómo lo hizo. Y creo que en eso radica una de las principales fuerzas del guión de Nudus, mostrar con esos diálogos fríos y actuaciones que, en mi opinión, son impecables, que en las redes sociales  la intimidad no importa y nuestras confesiones más íntimas no son más que un mero algoritmo que se suma al de millones de personas que también tienen su vida personal expuesta.

Ese voyerismo juega todo el tiempo y es sin duda la columna principal de la película, que entreteje una trama compleja, donde vemos a la propia protagonista mirarse a sí misma en sus confesiones de video del pasado, como si se tratara de una persona distinta. Y eso es precisamente lo que hacen todas nuestras publicaciones y comunicaciones en las redes, nos confrontan con otros yoes que quizá ya ni reconocemos. Sin duda una manera muy inteligente de mostrar la manera en la que estamos divididos todos actualmente.

Sin embargo, siento decirlo,  aún con toda la magistral inteligencia con la que ha sido armada, Nudus es una película que en un país como el nuestro, con uno de los niveles más bajos de lectura, incluso superado por África y Haití, donde la cultura del narcotráfico está presente en todas partes, junto con las propuestas comerciales de comedia que cada año saturan la cartelera, es una película que siembra en el desierto. Su semilla difícilmente germinará porque se le verá como algo demasiado extraño para iniciar una tendencia. ¿Quien chingados quiere ver una máquina de escribir que se mueve sola mientras una bella y muda mujer japonesa (Sayaka Yokoyama) mira, casi exclusivamente en close up lo que dice la protagonista, haciendo un homenaje a esos personajes entrañables del cine asiático que al final pasan de ser secundarios a la pieza misma de engranaje de la historia? ¿Quién  quiere escuchar hablar de una catástrofe cuántica y de las intimidades eróticas de la protagonista, que en el interrogatorio se mira decir en videos holográficos que se tragó el semen de dos hombres en una misma noche, mientras su interrogador en una magistral actuación no hace ni un pestañeo?

Nudus sin duda confronta a México con un cine adulto, de factura internacional, que en realidad nunca ha logrado germinar a menos que los realizadores salgan de nuestras fronteras, porque los escasos intentos nacionales siempre son criticados si muestran más de una trama o lectura en su composición, si se habla abiertamente de sexo desde el disfrute de una mujer y no se le estigmatiza como en el cine de narcos, donde el sexo sólo es mencionado si es para victimizar o se convierte en algo sucio, como algo que los narcos o los policías fronterizos obligan a hacer a sus víctimas. Porque en México el sexo no debe de existir como disfrute, sólo como ventana al sufrimiento.

Ni modo, Nudus es una película demasiado adelantada para un México donde triunfan películas como Señora influencer (Cinépolis distribución) o se apoyan bodrios de ciencia ficción que dan pena como esa mentada de madre de Videocine llamada 2033 con todo y sus trajes intergalácticos sacados de La nave de los monstruos.

En la inteligencia de su estética y de sus diálogos de interrogatorio y voyerismo, Nudus está más cercana a películas extrajeras como la alemana La vida de los otros, incluso guiños a THX1138, sin faltar un homenaje claro a Oldboy, de Pak Chan-uk, en el caso de las mujeres (Vita Vargas y Myriam Behar) que aparecen tanto de manera holográfica como en televisiones para hacer más claustrofóbico y bizarro el infierno blanco de la protagonista.

Como toda cinta, Nudus tienes sus peros. Al principio abusa del letargo de la protagonista, que para el público tradicional podría ser sinónimo de error, de película lenta, pero eso, como dije, se voltea como tortilla a partir del minuto 20 y entonces se vuelve un thriller vertiginoso que no da descanso. También me parece desaprovechado el personaje de la mujer japonesa, que bien podría haber tenido algunos diálogos icónicos en medio del interrogatorio en lugar de guardar silencio, además de que en un exceso de avant garde no se traducen muchos símbolos en coreano, chino o japonés, como si tuviéramos la obligación de saberlo. Incluso es demasiado jalado que la protagonista sepa japones o coreano a la perfección y se aviente sus frases, aunque en la trama dicen que se dedica a las relaciones públicas no es suficiente para explicarlo, ¿quien chingados sabe japonés o coreano en este mundo fuera de los coreanos o japoneses?

Sin embargo, Nudus, lo sostenemos, es una pieza rara, rarísima en el contexto del cine mexicano. No es gratuito que su director haya hecho otra de las películas más raras que los críticos hemos visto en los estrenos nacionales como lo fue el Buquinista, hablada en francés y donde incluso en los diálogos poetizados se menciona a Blake y Maiakovski como si cualquier mexicano supiera quienes son. Ya me imagino a Gibrán Bazán, seguramente inquilino de un nicho de intelectuales burgueses mamonsísimos, decir ¿pero quién no lo va a entender?

Pero la neta, que bueno que existan esta clase de realizadores mamones que se arriesguen a crear algo que cae como agua cristalina en esa arena de nuestro desierto cultural donde la música de banda, los narcocorridos, las narcopelículas. Nudus se estrenó en Cinemex y Cinépolis a la par de un bodrio llamado Un día en Culiacán, de Mario Alberto Siorda Millán, película que es lo de siempre, narco, drogas, buchonas, anti intelectualidad, violencia, mediocridad narrativa, ese es nuestro México, esa si podría germinar con facilidad en el lodo de nuestra normalidad mexicana. Nudus no es ni de nuestro triste contexto nacional esta ni de ésta época, ni modo, seguro el error de que exista algo parecido no se repetirá en mucho tiempo.

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