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Nicté y Balam: la leyenda de la papaya en el mayab

Las leyendas mayas casi siempre explican misterios, eventos naturales o cambios importantes. Sin embargo, algunas de ellas existen para demostrar la importancia de los vínculos familiares y de amistad. Una de las menos conocidas es la leyenda de la papaya.

La leyenda de la papaya y los dos hermanos

Todo comienza con Nicté y Balam, dos hermanos que solían salir a caminar por la selva. En una de sus excursiones, se encontraron a un hombre de avanzada edad, quien disfrutaba de un fruto que ninguno de los dos conocía.

Tras preguntarle qué era lo que comía, el hombre accedió a compartir la fruta con ellos. Les explicó que se llamaba chik put o papaya, y que solo los niños y los sabios podían consumirla, pues su sabor enloquecería a los adultos, y le arrancarían todos los frutos a la selva. Sin embargo, les regaló una completa para llevarse a casa y les pidió que volvieran al día siguiente.

Al llegar con su familia, el padre de los niños vio el fruto y exigió probarlo. Por supuesto, el sabor le hizo exactamente lo que el sabio dijo que le haría, y sintió una enorme necesidad de comer más. Así, convenció a sus hijos de que lo llevaran a la selva a buscar al hombre que se las había dado. Cuando no lo encontraron, el padre los castigó y les prohibió volver a caminar por la selva.

El sabio, al notar que no llegaban, supo que algo les había pasado y se dirigió a buscarlos. Al llegar a su casa, el padre de Nicté y Balam le exigió que le revelara dónde encontraría más de aquella deliciosa chik put. El sabio accedió, con la condición de que los niños vivieran con él a cambio.

Para sorpresa de los hermanos, su padre aceptó. El sabio llevó a los padres a la zona donde se hallaban los árboles de papaya; y después se llevó consigo a los niños para convertirlos en cuidadores del mayab, tal como él.

Mientras tanto, los padres de Nicte y Balám comenzaron a vender el fruto; que se volvió muy popular por su sabor y su suave textura. Sin embargo, con el tiempo, cuando la emoción disminuyó, se dieron cuenta de lo mucho que extrañaban a sus hijos.

Una tarde, una anciana pasó muy cerca de ellos, pidiendo un poco de agua o algo para comer. Los padres de Nicte y Balam le regalaron una papaya, deseosos de ayudarle de corazón. En cuanto la mujer tocó la fruta, ambos padres escucharon, a lo lejos, la risa de sus niños. Cuenta la leyenda, que desde entonces se dedicaron a regalar la fruta a todo aquél que se las pidiera o necesitara; para revivir el amor y la alegría de sus hijos día con día.

Si disfrutaste leyendo la leyenda de la papaya; te invitamos a conocer la leyenda del quetzal y el aguacate, otra de las más bellas historias sobre los frutos del mayab.

Natalia E. Avendaño

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