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El sargento de Chapultepec, un vigilante histórico

Se dice que El Sargento fue plantado por Nezahualcóyotl; y aunque a finales de los 60 se secó, muchos afirman que se niega a morir del todo

Apodado como El Sargento, El Centinela o El Vigilante; este ahuehuete que se encuentra en el Bosque de Chapultepec es uno de los más antiguos en nuestro país. Se encuentra frente al monumento al Escuadrón 201; al pie del Castillo.

Se dice que El Sargento fue sembrado por Nezahualcóyotl, quien era gobernante de Texcoco y gustaba de visitar lo que hoy es Chapultepec; probablemente alrededor del año 1460. Con el tiempo se fue convirtiendo en símbolo de fortaleza y guía; aunque no se ganaría su título hasta mucho después.

No ha faltado quien afirme que El Sargento posee ciertas propiedades mágicas, ya que se sabe que en la época prehispánica, Chapultepec estaba lleno de manantiales; lo cual resultaba perfecto para mantener con vida no solo al Centinela, sino a muchos otros ahuehuetes.

El Sargento sobrevivió a la conquista, a la Independencia y a la intervención estadounidense que sucedió en 1846. De hecho, apenas unos años antes, cuando el Colegio Militar se estableció en el Castillo de Chapultepec; fue que este ahuehuete se ganó sus múltiples nombres, otorgados por los jóvenes cadetes.

El Sargento o El Centinela es un ahuehuete que fue sembrado en Chapultepec; y fue llamado así por los estudiantes del Colegio Militar alrededor de 1840.

A pesar de haber resistido tantas batallas; el Centinela finalmente se secó en 1969; debido a la escasez de agua y a la contaminación que poco a poco fue invadiendo su entorno. Sin embargo, los visitantes asiduos y los habitantes de los alrededores afirman que El Sargento se niega a morir del todo; pues de vez en cuando algún brote o una solitaria hoja surge de su tronco, como recordatorio de que sigue alerta.

En su mejor momento, el Centinela llegó a medir más de 40 metros de alto. Ahora solo mide 15; aunque sigue causando asombro debido a lo antiguo que es. Sin embargo, no es el más antiguo de la Ciudad; pues el Árbol de la Noche Triste, en la Calzada México-Tacuba, se cree que tiene alrededor de mil años.

Natalia E. Avendaño

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