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La leyenda de la flor de cempasúchil: una historia de amor

La leyenda de la flor de cempasúchil narra la historia de uno de los elementos más importantes del Día de Muertos

La flor de Cempasúchil es prácticamente la representación del Día de muertos. No puede haber ofrenda sin sus pétalos ni mercados sin su aroma en el mes de octubre. Por ello, hoy te contamos la leyenda de la flor de cempasúchil, que narra una triste pero especial historia de amor.

Todo comenzó en la época prehispánica, cuando Xóchitl y Huitzilin se hicieron amigos. Eran apenas unos niños, pero su lazo era tan fuerte que perduró muchos años.

Cuando crecieron, se declararon su amor. Contentos de haber sido correspondidos, subieron a la cima de la colina más alta, donde hallaron a Tonathiu, dios del sol. Su deseo era que el dios bendijera su unión; y él, conmovido por su historia y su largo viaje, accedió.

Sin embargo, pronto Huitzilin tuvo que abandonar su hogar para proteger a su pueblo. La guerra lo llamaba, y aunque Xóchitl aguardó esperanzada, Huitzilin nunca volvió.

Desolada, la mujer le rogó a Tonathiu alguna forma de alcanzar a Huitzilin y permanecer con él por siempre. Recordando lo conmovido que estuvo al conocerlos, Tonathiu accedió de nuevo. Esta vez, con uno de sus rayos de sol, la convirtió en una flor cerrada.

Pasó mucho tiempo y el botón no se abría. Todos pensaban que se quedaría así por siempre, hasta que un colibrí vino a posarse junto a ella. Era Huitzilin, que había buscado también el modo de volver a verla.

Así, Huitzilin y Xóchitl pueden verse cada vez que él vuelve con el resto de los difuntos. Esta historia se relaciona con la creencia de que nuestros seres amados vienen a visitarnos en forma de colibrí. Por ello, la leyenda de la flor de cempasúchil es una de las más contadas en nuestro país.

Foto de portada: Imagen de En20metros en Pixabay

Natalia E. Avendaño

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