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El lago Camécuaro y la leyenda de la princesa que le dio vida

Camécuaro es un lago que fue proclamado Parque Nacional por Lázaro Cárdenas

Rodeado de árboles, el lago Camécuaro es un santuario a la tranquilidad. Con 1.6 hectáreas de extensión y seis metros máximos de profundidad; este lugar impone calma en cuanto llegas a sus alrededores. Sin embargo, poco se habla de la leyenda que se cuenta sobre el origen de este lago, un historia no tan pacífica.

La princesa desaparecida

Todo comenzó hace muchos años. Huanita, la princesa del pueblo purépecha, se enamoró y comprometió con el heredero de Tariácuri. Pero mientras se preparaba su unión, fue secuestrada por Candó, un sacerdote.

Candó la llevó a Cutzé, para ocultarla y así impedir que se casara con el heredero. Desolada al creer que no tendría forma de escapar, Huanita lloró y lloró; tanto, que sus lágrimas dieron origen a un pequeño lago. De ahí el nombre de Camécuaro, que significa lugar de la amargura oculta.

Por supuesto, el heredero no se podía quedar de brazos cruzados. Sin perder tiempo emprendió la búsqueda, y se dice que los sollozos de Huanita fueron lo que lo alertó de su presencia, pero antes de llegar hasta ella, Candó se le atravesó. Desde la orilla, el heredero lanzó una flecha al sacerdote, quien quedó atrapado contra el tronco de un árbol. De inmediato, la corteza se quebró, y de allí brota un manantial de agua verde que, según la leyenda, jamás se ha secado.

A pesar de que, según la historia, Huanita sí fue liberada; a lo largo del tiempo los pobladores y turistas aseguran que una mujer se aparece en el centro del lago. Algunas veces descrita como sirena y otras, como fantasma; se cree que es la princesa purépecha, esperando al heredero.

Muchos años después, en 1940; el entonces presidente Lázaro Cárdenas lo nombró Parque Nacional. El objetivo, por supuesto, era el de proteger la flora, la fauna y las tradiciones. Sin embargo, poco a poco fue atrayendo a visitantes de todo el mundo gracias a la calma que emana y a la belleza de sus enormes árboles.

Como esta, existen muchas otras leyendas mexicanas; unas de los pueblos prehispánicos y otras no tan antiguas. ¿Cuál es tu favorita?

Natalia E. Avendaño

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