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La leyenda de la ofrenda tardía

Existió una vez un hombre que ignoraba el día de muertos, y cuando se dio cuenta de su importancia, quiso ponerle una ofrenda tardía a sus difuntos

En México, la tradición del Día de Muertos es de suma importancia. En algunas regiones incluso se cree que, si no colocas a ofrenda, el dueño de la casa fallecerá. Otros dicen que si la olvidas, los difuntos vendrán de igual manera a pedirte de comer. Eso fue lo que sucedió en esta leyenda, en la que un hombre trató de colocar una ofrenda tardía.

El hombre en cuestión se dedicaba a trabajar en el campo. Muy comprometido con sus obligaciones, jamás dejó de cumplir su deber. De hecho, el trabajo era no solo lo más importante, sino lo único en su vida. Ya sus hijos se habían casado, y dado que había sido criado a la antigua, lo único que hacía era trabajar.

Cuando el cempasúchil coloreaba de naranja las calles de su pueblo, él se negaba a formar parte de la tradición. Nunca quiso celebrar el día de muertos, ni poner una ofrenda. Así llegó a viejo, y siguió ignorando el Día de Muertos.

Sin embargo, un buen día, dos de noviembre, salió a trabajar como de costumbre. Al hallarse solo en el campo, escuchó un murmullo. Era la voz de un hombre que le pedía algo de comer. Como lo percibía muy lejano, lo ignoró, pero al poco rato más voces se le unieron. Una de ellas le hizo saber que se trataba de sus antepasados: el primer hombre era su padre. Habían venido a pedirle el alimento que tantos años les negó.

Impresionado, el hombre volvió a su hogar y le pidió a su esposa que preparara con rapidez unos tamales para poner en la ofrenda. La mujer, al verlo pálido, no lo cuestionó, y él volvió al campo. Cuando ella lo buscó para avisarle que todo estaba listo, se encontró con que ya había fallecido. Sus familiares, impacientes, se lo habían llevado.

La mujer, igualmente colocó la ofrenda, añadiendo una vela más. Desde entonces, en el pueblo es bien sabido el riesgo de no poner a ofrenda.

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Natalia E. Avendaño

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