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Teatro Julio Castillo celebra seis décadas como referente del quehacer escénico

Ha abierto sus puertas a destacados dramaturgos, directores, actores y técnicos, cumple seis décadas de ofrecer una amplia oferta cultural.

Por Luis Galindo

Icono de la escena teatral en México, el Teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque (CCB), que ha abierto sus puertas a destacados dramaturgos, directores, actores y técnicos, cumple seis décadas de ofrecer una amplia oferta cultural.

Inaugurado el 3 de mayo de 1957 con la puesta en escena “Bodas de sangre”, de Federico García Lorca (1898-1936), este recinto del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) se ha distinguido por ser uno de los foros teatrales favoritos de directores, dramaturgos y escenógrafos.

En entrevista el escenógrafo y arquitecto mexicano Alejandro Luna, explicó que el Teatro Julio Castillo es más grande y formal de la Unidad del Bosque, una construcción anexa al Auditorio Nacional.

Destacó que el teatro rompió con los espacios escénicos que habían heredado, “probablemente el teatro de arquitectura que en aquella época llamábamos moderna, porque estábamos acostumbrados a los de dos o tres pisos y a que el público estuviera más cerca del escenario, repartido verticalmente”.

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Este teatro, abundó el papá del actor Diego Luna, en una especie de rechazo a ese corte que estaba señalado como clasicista, buscaba la democracia regresando al público al teatro griego.

“En realidad es un teatro que tiene un escenario estupendo de buen tamaño, con muy buena visibilidad para las primeras medias butacas, la parte de atrás es atroz, no se ve y no se oye bien. Recientemente se remodeló un poco para atender las necesidades contemporáneas de seguridad, se arregló el vestíbulo, las escaleras que estaban mal planeadas y se pusieron salidas de emergencia correctas”, expresó.

Luna recordó que en este recinto ha trabajado como escenógrafo en obras emblemáticas como “La noche de Hernán Cortés”, de Vicente Leñero, bajo la dirección de Luis de Tavira, que tuvo mucho éxito y la más reciente “Horas de gracia”, de Juan Tovar, bajo la dirección de José Caballero.

En su oportunidad, Alfonso Reyes Evangelista, jefe de iluminación del Teatro Julio Castillo, quien tiene 27 años de trabajar en este espacio, afirmó que dentro de los teatros del Instituto Nacional de Bellas Artes, éste es el más importante, “es la joya de la corona”.

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Apuntó que se trata de un teatro con mucha historia, que ha sido visitado por destacadas figuras del arte escénico con los que ha tenido oportunidad de trabajar. “Son experiencias que uno se las guarda y se quedan en la memoria del espacio”.

El ingeniero mecánico compartió que entre las grandes satisfacciones que le da este trabajo está trabajar con destacadas figuras del arte escénico como el maestro José Solé (1929-2017), el actor Ignacio López Tarso y muchas más personalidades de la televisión y del teatro.

 “Son muchas las obras que se han escenificado en el Julio Castillo, pero de las que recuerdo más está ‘Santa Juana de los Mataderos´, bajo la dirección de Luis de Tavira, en la que colgamos a un cerdo por el telar que prácticamente volaba”.

Recordó que que unos días antes de ponerle un arnés al cerdo, éste se cayó, pero después entendió y se quedaba quieto, “lo metíamos y en las funciones ya sabía que tenía que hacer eso, pero pesaba casi 400 y tantos kilos, era un semental”.

El aniversario del Teatro Julio Castillo se festejará el próximo sábado 6 de mayo a las 19:00 horas con la obra “El ruido de los huesos que crujen”, de Susane Lebeau, a cargo de la Compañía Nacional de Teatro.

Con las actuaciones de David Calderón, Ana Ligia García y Luisa Huertas, la puesta en escena es un texto a dos voces. Joseph y Elikia viven la huida, las dudas, los miedos y el regreso a una vida civil y civilizada en la que los niños pueden crecer siendo niños.

Angelina, la enfermera que los recibe en el hospital en el que se refugian, pone en perspectiva esa realidad dolorosa y abre una ventana a una luz incierta, pero luz al fin.

Tras su inauguración el 3 de mayo de 1957, el Teatro Julio Castillo tuvo una reinauguración en abril de 1968 con un programa de danza a cargo del Ballet Clásico de México, en el marco del Festival Internacional de la Olimpiada Cultural y en 1998 se realizó la última remodelación del teatro con la modernización de la mecánica teatral, estableciendo su capacidad en 975 butacas.

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