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Rituales mexicanos para antes de romper la piñata

Romper la piñata es todo un ritual: desde cánticos para antes, durante y después, hasta trucos para hacerlo un poco más complicado ¿Los conoces todos?

Romper la piñata es una de las actividades más divertidas de las que podemos disfrutar durante las posadas en México. A lo largo de la historia, cada generación ha enriquecido esta antigua tradición de distintas formas, como agregando cánticos para antes, durante y después de pegarle, trucos para hacer más complicado darle a la piñata o hasta una que otra maña para romperla más fácilmente ¿Has pasado por todos estos rituales antes de romper la piñata?

 

Las vueltas

Cuando alguien pasa a pegarle a la piñata, se le vendan los ojos y se le dan varias vueltas ¿Te has preguntado por qué? naturalmente, la razón principal es que la persona pierda el sentido de la orientación y le sea mucho más complicado darle a la piñata, es decir, “marearlo”; pero en realidad la tradición es darle 33 vueltas al que pase porque esta fue la cantidad de años que vivió Jesús.

Los ojos vendados

Si bien es cierto que pegarle a la piñata con los ojos vendados simboliza la fe ciega en que Dios y la iglesia nos guiarán en nuestra lucha contra el pecado, también lo vuelve mucho más divertido ya que el reto aumenta. Se acostumbra “ayudar” o “sabotear” al que le pega a la piñata dándole indicaciones ciertas o falsas, y depende del “ciego” seguirlas o ignorarlas.

Después de vendar los ojos y dar las vueltas, se hace la entrega del palo y se le guía hasta que la punta de éste dé con la piñata, a manera de que el que le va a pegar tenga una referencia de hacia dónde darle.

También es costumbre que desde un sitio elevado, alguien sujete el lazo y mueva la piñata a voluntad, para hacer mucho más difícil aún la faena ¿Cuántas veces no terminó nuestro turno sin atinarle una sola vez?

¡Dale, dale, dale…!

Quizá la segunda canción de fiesta más conocida de nuestro país (solo por debajo de “las mañanitas”), la clásica melodía de las piñatas tiene un origen incierto, pero es imperdonable no sabértela. Durante la canción, dependiendo de cómo la gente vaya “calando” al que le pega a la piñata, se acostumbra ir “ajustando” el ritmo y la velocidad para evitar que se rompa demasiado pronto… nunca falta el grandulón que hasta agarra el palo con las dos manos o el tramposo que se destapa un ojo, ¡Y mucho menos el encajoso que le sigue pegando cuando ya acabó la canción!

Por lo general, antes de romper la piñata y entre turnos se canta: “No quiero oro, ni quiero plata, yo lo que quiero es romper la piñata”, o “ándale Juana, no te dilates, con la canasta de los cacahuates”.   

Al final, se suele fastidiar a quienes no pudieron romper la piñata durante su turno, con una molesta tonadita: “¡Ese/a niño/a es muy tonto/a, es muy tonto/a… se parece a su papá/mamá!”.

Otro cántico popular entre los niños sigue siendo: “La piñata, tiene caca, tiene caca… cacahuates de a montón”.

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