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Raspados mexicanos, el refrescante y nostálgico sabor de la infancia

Si eres de los que conocen a la perfección la gastronomía mexicana, no nos vas a dejar mentir, los rapados son el postre predilecto de nuestra ciudad. Ya sea después de unas carnitas, una deliciosa barbacoa o simplemente porque se te cruzaron en el mercado, los raspados tienen y siempre tendrán un lugar en nuestro estómago.

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¿Cómo surgieron?

Varios escritos cuentan que los raspados existieron desde hace mucho tiempo, los primeros registros datan de 1800 a.C en la era mesopotámica y en el siglo V a.C en la antigua Grecia. En donde se tenía la costumbre de consumir hielo picado mezclado con algún jugo de fruta o simplemente endulzado con miel de abeja. Pero no fue hasta el siglo VIII, que los árabes introdujeron la costumbre de consumir el hielo con jugos de fruta y aromas.

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En México, los raspados existieron a partir de la conquista, si bien las nieves ya eran famosas desde la época prehispánica. Los raspados cómo hoy los conocemos, datan desde la colonia. Claro que, con el paso del tiempo, se volvió un producto tradicional y obligado para esas tardes calurosas.

Rapados, un oficio que aún persiste

Actualmente la mayoría de los raspados son vendidos por comerciantes ambulantes. Los cuales siempre llevan un bloque de hielo en su carrito y muchos frascos con jugo de fruta natural. Aunque también existen comercios más formales que se dedican a prepararlos.

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Para prepararlos se utiliza un utensilio de metal que sirve para moler el hielo, algunos vendedores normalmente lo llaman cepillo de hierro. Una vez que el hielo está troceado o rallado se le añade un jarabe del sabor que quieras. Los hay de fresa, tamarindo, grosella y limón, pero se pueden encontrar jarabes de diversos sabores, algunos hasta mezclados.  Además, el hielo troceado se coloca en un vaso hasta que quede bien copeadito, es decir, al límite.

Date una vuelta por el zócalo de la ciudad

Sin embargo, también hay variantes, en algunas partes de la ciudad les ponen jugo de limón miguelito y chile que resulta en un diablito. Pero si prefieres algo más dulce, puedes bañar tu raspado con mucha leche condensada y convertirlo en un angelito.

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Ya lo sabes, si quieres lanzarte a probar los mejores raspados, date una vuelta por el centro de la ciudad, te aseguramos que no te arrepentirás.

FOTO PRINCIPAL: PRIMER PLANO MAGAZINE

Bárbara García

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