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Quetzalcóatl y la leyenda del cacao

La leyenda del cacao es de las más interesantes, aunque es poco conocida

De entre las historias prehispánicas, se pueden encontrar muchas que hablan sobre alimentos y frutos que solían consumirse en ese entonces. La leyenda del maíz, por ejemplo, es de las más conocidas. Sin embargo, hoy te contaremos una mucho menos conocida, aunque igual de interesante: la leyenda del cacao.

Todo inició en el reino de los dioses. Quetzalcóatl veía a su pueblo desde lejos; y se frustraba al no poder ayudarles a estar mejor alimentados. Su razonamiento era que, si comieran mejor, podrían dedicar más tiempo a construir, plantar, aprender y a hallar el motivo por el que fueron creados. Por lo tanto, tomó algunas semillas de cacao, que sólo podían encontrarse en el reino de los dioses, y emprendió su tarea.

Primero plantó el árbol cerca de Tula. Después, buscó a Tláloc, dios de la lluvia, y le pidió que regara la tierra donde había plantado el preciado alimento para que se pudiera fortalecer y creciera. Después, mientras la semilla germinaba y se formaba un pequeño arbusto, Quetzalcóatl fue en busca de Xoxhiquetzal, diosa del amor y la belleza. A ella le pidió ayuda para que el arbusto se llenara de las más bellas flores y un aroma especial.

Con un poco de tiempo y la ayuda de tláloc, finalmente los arbustos dieron frutos. Quetzalcóatl enseño a su pueblo a elegir, tostar y moler los granos, así como a preparar la famosa bebida de los dioses. Gracias a esto, se volvieron más fuertes y tenían más energía.

La venganza de los dioses

Mientras tanto, en el reino de los dioses se dieron cuenta de esto; y considerando la obra de Quetzalcóatl una traición; decidieron intervenir. Tezcatlipoca se ofreció voluntario para llevar a cabo esta tarea; y se disfrazó de hombre. Pretendiendo ser un simple humano que vendía pulque, engatusó a Quetzalcóatl diciéndole que tenía una bebida que podría quitarle cualquier malestar, culpa o pena que tuviera.

Por supuesto, Quetzalcóatl cayó en la trampa y se emborrachó. Al día siguiente despertó, y sabiéndose más culpable aún, decidió alejarse para siempre de Tula.

Por el camino se dio cuenta que los árboles de cacao se hallaban secos, probablewmente debido a los dioses que le castigaban. Sin embargo, algunas semillas en el suelo se hallaban todavía en buen estado; así que Quetzalcóatl las recogió y las fue esparciendo por el camino. Se dice que ése fue el cacao que los pueblos prehispánicos comenzaron a consumir; y que sobrevivió a la conquista y a la colonia.

Si quieres leer más historias de los pueblos prehispánicos, te recomendamos la leyenda del quetzal y el aguacate.

Natalia E. Avendaño

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