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Los organilleros, una tradición histórica en peligro de extinción

Son apenas las 10 de la mañana y vas caminando por las calles del centro de la ciudad de México. El día está nublado, y no parece tener nada en especial. Sin embargo, te detienes en un sonido, uno que lleva musicalizando tu recorrido desde la salida del metro. Lo escuchas y rápidamente sabes de que se trata, es el organillero.

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Sonido del pasado

El oficio del organillero lleva más de 100 años sonando en el paisaje chilango. Su origen se sitúa en el gobierno de Don Porfirio Díaz, específicamente, en la casa de instrumentos alemanes Wagner y Levien. Debido a que, en esa época, la música e instrumentos provenientes de ese país se difundieron con bastante popularidad entre todas las clases del país.

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¿Pero, de dónde vienen?

El peculiar instrumento fue traído por varios inmigrantes alemanes cerca del año 1880. Aunque popularmente es conocido como organillo, en realidad en un “violinopan” que pesa aproximadamente 50 kilos. Según las historias, se dice que el instrumento surgió en Europa a principios del siglo 19 para deleitar con su sonido a las familias de la alta sociedad.

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Pero alrededor de 1930, los instrumentos dejaron de fabricarse en Alemania para siempre. Al ser testigos de esto, miles de personas en nuestro país adquirieron más de 300 unidades para conservar el oficio del organillero. Ya que en ese tiempo y hasta ahora, era común rentarlos para sacar algún beneficio monetario que, con el tiempo, se volvió una herramienta de trabajo para músicos ambulantes.

Mecanismo sonoro

Para crear las melodías, los organillos tienen en su interior una caja de sonido mecánica que alberga un cilindro de madera con púas y puentes de bronce. En ellas, y a través del movimiento van registradas únicamente ocho melodías. Se dice que a finales del siglo 19 aparecieron los organillos neumáticos que reemplazaron el cilindro por pliegos de cartón perforado.

Uniforme con significado

El sonido tradicional que vivifica las calles también tiene un estilo, seguro recordarás el inconfundible uniforme café que todos los organilleros llevan. Pues resulta que este distintivo traje lleva desde 1957, año en que también se inauguró la Unión Mexicana de organilleros, decorando sus cuerpos. Los colores y la forma son así porque rinde homenaje al ejército de Francisco Villa.

Melodías que cargan nostalgia

Si bien el organillero ha sido fuente de inspiración para miles de músicos y cineastas, su día a día no suele ser nada fácil. Las jornadas laborales de algunos de ellos son de hasta 12 horas seguidas. Pues, además de sacar para sus propios gastos, necesitan cubrir la cuota de renta que asciende hasta los 200 pesos diarios.

Pero a pesar de todo, su inconfundible sonar siempre será parte de la tradición mexicana. Conservar su sonido y valorar su importancia queda en nosotros.

Imagen principal: Coyotitos

Bárbara García

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