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La piel del venado: una leyenda maya

Esta leyenda cuenta la historia de cómo la piel del venado, que según los mayas, solía ser blanca, adquirió el color con el que la conocemos

Las leyendas sobre el Mayab, sin duda, son las que más se difundieron de generación en generación. Las explicaciones que los pueblos prehispánicos hallaban para diferentes sucesos no dejaban de maravillar a sus descendientes. Una de ellas es la de la piel del venado, que en este lugar, según la historia, solía ser de color blanco antes de que uno de ellos pidiera un deseo que se volvió realidad.

Es sabido que el Mayab se conocía también como la tierra de la serpiente, del faisán y del venado. Este último, con la gracia y elegancia que los dioses le otorgaron, era no solo admirado, sino perseguido. Hartos de vivir entre cacerías, se volvieron silenciosos, lo que provocó que si piel se volviera mucho más valiosa.

Una tarde, un grupo de guerreros encontró a uno de los más hermosos venados que hubieran visto. La creatura era apenas una cría; pero ya conocía bien el silbido de las flechas cuando surcaban el aire. Toda su familia había caído a manos de los hombres. Era, por así decirlo, un sobreviviente.

Por supuesto, los cazadores no sabían esto; y el venadito creía que de poco le habría servido que lo supieran. Así, se vio atrapado en otra persecución; que terminó abruptamente cuando, de sorpresa, cayó en un hueco casi invisible que había en el suelo. Una vez que sus ojos se acostumbraron a la penumbra; el venado descubrió a tres seres mágicos que le dieron la bienvenida y curaron su pata, que ni él mismo había notado que se fracturó con la caída. Aunque la leyenda no lo especifica; es muy probable que se tratara de tres aluxes; creaturas fantásticas de la mitología maya que cuidaban a los animales y las cosechas de las familias.

Estos seres cuidaron al pequeño venado en lo que su pata se curaba. Una vez que estuvo sano por completo, le ayudaron a caminar otra vez. Cuando llegó el tiempo de irse; por haber sido bueno y agradecido con sus cuidadores, éstos le concedieron un deseo. Tras pensarlo un momento, la pequeña cría se dio cuenta de que solo anhelaba una cosa: que tanto él como su especie pudieran esconderse de los cazadores.

En ese mismo momento, uno de los seres tomó un puñado de tierra de la cueva misma donde se encontraban: tierra del Mayab. La sopló con suavidad sobre la piel del venado, y cuando todo su cuerpo estuvo cubierto; dio las gracias y abandonó la cueva, perdiéndose en la selva. Desde entonces, todos los venados ostentan orgullosos ese color: el color de la tierra sagrada del Mayab.

Al igual que esta, existen muchísimas leyendas mayas llenas de misterios. ¿Conoces alguna otra?

Natalia E. Avendaño

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