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La niña del panteón de Jalisco, entre tumbas y lamentos #AyNanita

Sin duda los panteones son uno de los lugares que más miedo nos da visitar. Las historias que albergan y los millares de cuerpos que ahí descansan son razón suficiente para dudar de nuestros pasos.

Sin embargo, una de las historias más macabras se localiza en el panteón de Jalisco. En donde las desgastadas lápidas y delicados murmullos nos acompañan desde que pisamos la entrada. Por eso, si eres de los más valientes continua, ya que después de leer esta historia, no podrás pegar el ojo en toda la noche.

La leyenda cuenta que en los años 30 una familia adinerada fue al entierro de uno de sus familiares más cercanos. La familia llevó a su hija más pequeña, que tenía 7 años de edad. A pesar de la advertencia de muchos de sus amigos, ellos decidieron que esa experiencia la daría el carácter necesario a su hija para entender cómo funciona el ciclo de la vida.

Así que entre llantos y desesperación todas las personas fueron partiendo poco a poco. La familia decidió retirarse, pero al llegar a su destino, algo se les había olvidado. Era nada más y nada menos que Irene, su hija de 7 años.

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Rápidamente fueron al panteón a buscarla, pero jamás la encontraron. Pensaron que quizás algún pariente pudo haberla recogido o llevado a su casa. Sin embargo, eso nunca pasó. Los días se convirtieron en semanas, y las semanas en meses, pero Irene nunca regresó.

Algunos años después, se supo que la niña se había tropezado cuando estaban bajando el ataúd del difunto. El golpe fue tan fuerte que la niña murió en el acto. Sin que nadie se diera cuenta fue enterrada junto con el muerto.

FOTOS: INTERNET

La noticia se dio a conocer cuando fueron a enterrar a otro familiar del difunto. Al sacar los restos y hacer espacio, había uno de más. Los cuales fueron identificados como los de Irene.

Desde ese día en esa tumba se aparece una niña con la cabeza desangrada. Pero no te asustes, que lo único que quiere es jugar. De hecho, muchos de los habitantes le dejan juguetes que a los pocos días desaparecen. Por eso si la ves, no tengas miedo, pues es una de muchas almas que aún no encuentran descanso.

Bárbara García

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