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La leyenda del enano que construyó Uxmal en una sola noche

La leyenda del enano o del adivino es una de las más conocidas sobre Uxmal

En la época prehispánica era común escuchar historias de fantasía y de suspenso; pero ninguna como la de Uxmal. La leyenda del enano incluso dio pie a que se le llamara así a la pirámide más representativa de este sitio, que también es conocida como del adivino.

Todo comenzó en los alrededores de este lugar, donde vivía una mujer que conocía la magia de todas las hierbas y los secretos de todas las estrellas. Según esta historia, una mañana la mujer encontró un huevo afuera de su vivienda; y sin saber de qué era lo acogió y le procuró calor.

Con el tiempo, surgió del huevo un hombrecillo; que creció muy poco, pero aprendió de la bruja a ser muy listo y a conocer los secretos de la vida y la naturaleza. En cierta ocasión, el hombrecillo encontró entre las cenizas del fuego un tunkul, que es un instrumento musical maya. Malicioso, el hombrecito lo tocó; y su sonido retumbó por la ciudad hasta llegar a oídos del rey.

Resultó que, según una vieja profecía; el sonido del tunkul marcaría el final de su reinado. Reacio a alejarse del trono; el rey le sugirió una serie de pruebas: primero, tenían que construir un camino. Después, debían construir una estatua; y mientras la del enano, que era de barro, se endureció al sol, la del rey se derritió junto a ella.

Tras varios retos que parecían ser cada vez más estrafalarios; el rey finalmente lo retó a partirse un coco a la cabeza, pensando que el hombrecillo moriría. Sin embargo, el enano sobrevivió; y el rey murió a manos de su propia trampa. Una vez declarado el nuevo gobernante; el enano declaró una etapa de esplendor para Uxmal.

A la mañana siguiente, los pobladores despertaron con una sorpresa: Uxmal había sido reconstruida en una sola noche. Las pirámides y todo lo que las rodeaba expresaban aquel esplendor que el enano había vaticinado.

Algunas versiones de la leyenda del enano afirman que con el tiempo, la soberbia y el orgullo pudieron más que el lado bueno del hombrecillo; quien, al permitir que se adorara su estatua hizo enojar a los dioses. Por esto, se dice que acabaron con su imperio, despojándolo de todo y borrando los restos del esplendor que alguna vez tuvo.

Natalia E. Avendaño

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