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La leyenda de la mano peluda ūüė® #AyNanita

Se cuenta que, a inicios del siglo pasado, en la bella ciudad de Puebla, hab√≠a en cada esquina casas de empe√Īo llamadas coloquialmente ‘montep√≠os’. Una de ellas era la casa de empe√Īo llamada “Las Manos”, del Se√Īor Villa, quien tambi√©n era apodado como ‚ÄúHorta‚ÄĚ.

Regordete y chaparro, el Se√Īor Villa era odiado por ser tan avaro que se aprovechaba de la gente, dej√°ndolos sin un peso. Con todo lo que les quitaba a los pobres, se compraba bellos y grandes anillos de oro con piedras hermosas que colocaba en sus gordos y peludos dedos.

Se√Īor Villa 1
Especial

Ch√©cate esto: ‘¬ŅQui√©nes eran las adelitas y cu√°l fue su papel en la revoluci√≥n mexicana?’

Aunque era muy, muy, pero muy rico, nunca ayudó a nadie. ¡Ni siquiera ayudaba a su esposa a lavar los platos!

Conforme pasaron los a√Īos, el se√Īor Villa se volvi√≥ m√°s hura√Īo, no hablaba con nadie y cada d√≠a eras m√°s odiado. Cuando la gente pasaba por su casa de empe√Īo murmuraban: ‚Äú¬°Qu√© Dios te seque la mano!” Tan odiado era, que hasta su esposa se lo dijo por ser un viejo mezquino.

Un d√≠a, mientras su esposa le llevaba su desayuno a la cama, el se√Īor Villa estaba todo fr√≠o, tieso, con la cara toda desfigurada y sus manos tan hinchadas que se le encarnaron los anillos que ten√≠a.

No cantes victoria…

En la ciudad, r√°pidamente se corri√≥ el rumor y todos festejaron por la muerte de aquel avaricioso apodado “Horta”. Pensaban que todos sus problemas se hab√≠an acabado y que recuperar√≠an lo que aquel viejo les hab√≠a quitado. Pero no fue as√≠.

Al d√≠a siguiente del entierro del Se√Īor Villa, el peri√≥dico de la ciudad sac√≥ una noticia que estremeci√≥ a todos. El sepulturero hab√≠a visto salir de la tumba del se√Īor Villa una mano grande, gorda y peluda con anillos de oro.

Se√Īor Villa 2
Especial

Desde entonces, a la medianoche en el Panteón Francés, una mano empujada por un poder sombrío trepa los muros para poder llegar a las casas que están cerca.

Se mete a sus habitaciones para ahorcarlos y sacarles los ojos, cobrando venganza por aquellos que le desearon este mal. Si alg√ļn d√≠a te la encuentras, qu√©date quieto y espera el amanecer para que vuelva a donde pertenece‚Ķa la tumba.

Marifé Medrano

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