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La leyenda de la flor de vainilla

Al ser un elemento tan importante en la gastronomía, la flor de vainilla no podía quedarse sin una leyenda

Muchos elementos de la naturaleza dieron origen a diversas leyendas increíbles en nuestro país. Animales, fenómenos naturales y ciertos lugares tienen su propia historia sobrenatural. Además, es común que ciertas plantas tengan su propia historia, pues era una manera a través de la cual se representaba la vida. Por ello la leyenda de la flor de vainilla es tan especial.

Todo comenzó en Papantla, Veracruz. Allí, cerca de Tajín, vivía un respetado noble totonaca junto con su esposa y la hija de ambos: Tzacopontziza. No muy alejado de ellos vivía Xcatan-oxga, un hombre cuya choza era mucho más pequeña.

Una tarde, los dos jóvenes se encontraron y se enamoraron de inmediato. Tras varios encuentros breves, ambos se declararon su amor.

El problema era la diferencia de clase. Tzacopontziza, al ser hija de un noble, debía casarse con alguien de su posición, y Xcatan-oxga no lo era. Aun así, ambos sabían que se querían y estaban dispuestos a enfrentar las dificultades.

Sin embargo, un día Tzacopontziza se cruzó con el dios de la felicidad, quien se enamoró de ella. De inmediato él comenzó a cortejarla, pero no tardó en ser rechazado.

Furioso, se dedicó a investigar quién era aquél a quien la joven quería. Se enteró del romance con Xcatan-oxga, y planeó la manera de separarlos.

El dios sabía que si elogiaba al padre de Tzacoponziza, él le otorgaría su mano. Así pues, se dedicó a ganarse el favor del noble, quien no tardó en hablarle de una unión con ella.

Tras relatarle todo a Xcatan-oxga, él y Tzacoponziza intentaron escapar. Sin embargo, fueron atrapados por los sacerdotes, quienes los acusaron de sacrilegio. Inmediatamente, los dos enamorados fueron sacrificados.

El origen de la flor de vainilla

Pronto, el lugar en el que fueron arrojados empezó a presentar cambios extraños. Primero, toda la vegetación se secó. Después, un arbusto de tamaño considerable surgió allí mismo, y a su lado, una flor. Era una orquídea que nadie había visto antes, pero se abrazó al arbusto, como si lo abrazara. Pasadas algunas semanas, las flores se convirtieron en vainas que desprendían un aroma increíble.

Los sacerdotes admitieron que el amor de los jóvenes había sido la causa de este hecho. Proclamaron que la planta sería sagrada, el fruto de un amor que terminó en tragedia.

Si te gustan las leyendas como esta, te recomendamos la de lo que sucedió en Chichen Itzá. Otra historia de amor, con un final diferente y misterioso.

Natalia E. Avendaño

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