La leyenda Chiapaneca de la Misa del Carmen

La leyenda de la misa del Carmen

San Cristóbal de las Casas no sólo es un lugar mágico por su denominación como Pueblo Mágico, sino también por las historias que se encuentran ocultas en las tradiciones de sus habitantes y que han ido pasando de generación en generación como leyendas. Tal es el casa de la leyenda de La Misa del Carmen.

San Cristóbal de las Casas no sólo es un lugar mágico por su denominación como Pueblo Mágico, sino también por las historias que se encuentran ocultas en las tradiciones de sus habitantes y que han ido pasando de generación en generación como leyendas. Tal es el caso de la leyenda de La Misa del Carmen, ¿alguna vez la has escuchado? En Más México te la contamos:

La leyenda

Cuenta la leyenda que… “Hace varios siglos, en el pueblo de San Cristóbal de las Casas vivía una respetable mujer, la viuda María Josefina, que desde el momento en que falleció su esposo, había dedicado una parte de su cuantiosa fortuna a ayudar a los desamparados. Era una mujer muy querida en San Cristóbal, siempre solidaria, bondadosa y cariñosa con todo el que se acercara a ella. Entre sus múltiples actividades diarias, María Josefina acostumbraba asistir a misa de cinco y todas las mañanas, sin dar oportunidad de que saliera el sol, la viuda llegaba puntualmente a la Iglesia del Carmen, el templo más respetado y admirado de la población, a donde los fieles, devotos como ella, asistían cada día a escuchar la palabra del señor.

La nobleza de Doña María Josefina la hacía considerada y nunca hacía sonido alguno que pudiera despertar a su criado para abrirle la puerta a tan tempranas horas del día; lo sabía anciano, débil y enfermo y prefería ella abrir y cerrar la puerta. Al regresar de su diaria e impostergable misa, María Josefina tenía esperándola un exquisito café caliente y unos panecillos para acompañar. Después del desayuno, continuaba su rutina para mantener la casa impecable y a los desamparados atendidos.

En una ocasión, Maria Josefa despertó por las campanadas de la iglesia que llamaban a todos sus fieles. Preocupada por su retraso se apresuró, pero sin permitir que su prisa provocara un ruido que despertada a su fiel y anciano criado. La viuda caminó apresuradamente por las calles obscuras de San Cristóbal, llevaba su rosario y su Biblia bien agarrados de la mano y su paso veloz se hacía notar con ritmo en las banquetas del pueblo.

Al momento de llegar al templo, tomó su acostumbrado lugar, apartado pero frente al altar principal, especialmente escogido para atender misa sin distracciones ni intromisiones. Como todos los días Doña María Josefina comenzó a leer su Biblia, esperando a que la misa comenzara pero había un silencio inexplicable que le hizo parar su lectura y levantar su cabeza para ver al resto del templo. Al momento de incorporarse, se dio cuenta que todos los fieles estaban sentados mucho más adelante que ella y entró en pánico al percatarse que todos los presentes no tenían cabeza.

María Josefina no supo cómo reaccionar, dio un gemido ahogado y vio que el padre que comenzaba a oficiar misa también estaba degollado. Sus piernas no reaccionaban , su respiración se había detenido y su mente había quedado estupefacta. De repente sintió que una mano que le apretaba el hombro, con terror desenfrenado, decidió voltear a ver quién estaba detrás de ella. Recorrió el habito del personaje y comenzó a tranquilizarse al ver que era un fraile pero al momento de terminar de recorrer el cuerpo, se dio cuenta que el religioso tampoco tenía cabeza, mientas éste le decía: “hija mía, esta no es una misa para los vivos, es para los difuntos”.

María Josefina sólo tuvo fuerzas para asentir levemente con la cabeza y con un esfuerzo desmesurado caminó hacia a fuera del templo. Su cuerpo se sentía pesado, por más que quería huir de ese lugar no era capaz de acelerar el paso. Después de un inmenso esfuerzo logró regresar a su casa y mientras abría la puerta, comenzaron a sonar las campanadas de la iglesia, indicando que era la medianoche.

Desde ese momento, cualquiera que se atreva a pasar a las 12 de la noche por la Iglesia del Carmen no debe entrar al templo, porque se dice que aún se oficia una misa para todos los difuntos que aún en el otro mundo asisten fieles a este templo de Dios en San Cristóbal de las Casas”.

¿Te atreves a entrar a media noche a este lugar?

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