La historia de los villancicos de Sor Juana Inés de la Cruz

Los villancicos de Sor Juana Inés de la Cruz tenían el objetivo de divertir y hacer reflexionar ¿Conoces la historia de los villancicos de la “Décima Musa”?

“¿Qué bien al mundo no ha dado
la encarnación amorosa
si aun la culpa fue dichosa
por haberla ocasionado?
Ni ella sola ser podía
causa, que si se repara,
para que Dios encarnara,
bastaba sola María”.

Sor Juana Inés de la Cruz, “Villancico I”

 

Sor Juana Inés de la Cruz legó al pueblo de México una vasta producción literaria caracterizada por una construcción minuciosa de sus textos y la profundidad de los temas de los que hablaba; sin embargo, no todos eran tan complejos: adrede, la “Décima Musa” creó diversos villancicos cuyo único fin era que todas y todos pudieran disfrutarlos en la Navidad ¿Conoces la historia que hay detrás de los villancicos de Sor Juana?

Sor Juana Inés de la Cruz compuso sus villancicos a lo largo de 15 años, entre 1676 y 1691. La gran mayoría de ellos fueron realizados por encargo de las iglesias de todo el país que no querían dejar pasar la oportunidad de cantar obras de la “Décima Musa” en sus propios atrios. No obstante, estudios recientes sobre la obra de la poetisa mexicana, aseguran que ‘entre las líneas’ de los dulces cánticos navideños sorjuaninos, se encuentran referencias sutiles a varios de los aspectos que preocuparon a la monja jerónima a lo largo de su vida, como el derecho de la mujer a recibir una educación digna, el maltrato a los negros y el menosprecio a los indígenas.

 

Escucha: “Vamo turú a Belé”, musicalizado por el grupo Tierra Mestiza a partir de uno de los villancicos escritos por Sor Juana Inés de la Cruz en 1678, donde celebra la influencia negra en México.

 

A pesar de que la métrica rígida y el tono sublime son fundamentales en la lírica de la poetisa mexicana, sus villancicos estaban escritos de una manera tan sencilla y accesible, que muy pronto todos los estratos de la sociedad los convirtieron en parte fundamental de la verbena popular.

“El cielo y la tierra este día 
compiten entre los dos,
ella, porque bajó Dios,
y él, porque sube María”.

La primera vez que se cantaron los villancicos de Sor Juana fue en 1676, en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, y fueron publicados con el título “Villancicos que se cantaron en la Santa Iglesia Metropolitana de Méjico, en honor de María Santísima Madre de Dios, en su Asunción Triunfante”. De hecho, éste texto es el más conocido y difundido de la obra navideña de Sor Juana.

¡A la fiesta del Cielo! Las voces claras
una Reina celebran, Pura y sin falta. 
¡Vengan, vengan,
a celebrarla por su buena estrella!
No se detengan, ¡vayan!,
que en su Concepción está para gracias.

Un año más tarde, en 1677 se publicaría otro compilado de villancicos de Sor Juana, bajo el largo título de “Villancicos que se cantaron en los maitines del gloriosísimo Padre S. Pedro Nolasco, fundador de la Sagrada Familia de Redentores del Orden de Nuestra Señora de la Merced” (los maitines eran las oraciones que algunas órdenes religiosas hacían al amanecer), y habían sido estrenados ese mismo año, el 31 de enero. 12 años más tarde, en 1689, fueron incluidos en una de las colecciones más completas de la obra de la “Décima Musa” hasta la fecha, “Inundación Castálida”.

Dato curioso: en esta segunda edición de “Los villancicos a San Pedro Nolasco”, aparecieron tachadas algunas líneas, se agregaron algunos signos de puntuación, se cambiaron letras y se hicieron anotaciones a los costados. Todo esto fue hecho a pluma y tinta por la mismísima Sor Juana Inés de la Cruz.

 

¿Villancicos plurilingües?

¿Has escuchado expresiones como “spanglish” o “nahuañol” para referirse a la combinación de dos o más idiomas? Pues se dice que los villancicos compuestos por Sor Juana Inés de la Cruz son plurilingües precisamente porque son el resultado de una peculiar combinación de latín, español y náhuatl (lenguas que hablaba a la perfección), esto por la sencilla razón de que quería llegar a todos los sectores de la población, además de que no ocultaba su gran amor por lo indígena.

 

Carátula de un CD producido en Francia con la música de los villancicos de Sor Juana

 

Hubo pasajes en sus villancicos que fueron escritos en tono de comedia, cuya intención era hacer reír tanto a hispanoparlantes como a nahuaparlantes.

“También un topil
del gobernador,
ca ipampa tributo,
prenderme mandó.
Mas yo con un cuahuil,
un palo lo dio,
Ipam isonteco,
no sé si murió”.

A lo largo de su carrera literaria, Sor Juana Inés de la Cruz tuvo que ser muy cuidadosa ya que como monja, no podía descuidar su vocación religiosa. La “Décima Musa” halló en sus villancicos la solución ideal para, como dirían por ahí, ‘matar tres pájaros de un tiro’: mantener una buena relación con la Iglesia, ampliar su fama y sobre todo no abandonar las letras, que era su más grande pasión.

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