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El grito de la monja del antiguo Convento de la Concepción #AyNanita

Nuestras construcciones coloniales no sólo resguardan tesoros sagrados, también hay escalofriantes historias que cobran vida por la noche. Y hoy, te traemos la leyenda de la monja del antiguo convento de La Concepción. Es un de las más tristes y terroríficas de nuestra ciudad ¿La conoces?

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El Convento de la Concepción

El antiguo Convento de La Concepción es un recinto que se encuentra en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Y sus paredes guardan el alma de un ente que para muchos podría ser la llorona. Cada noche, extraños lamentos impregnan todo el convento.

La leyenda de la monja del Antiguo Convento de la Concepción.
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¿De qué se trata? Nadie lo sabe con seguridad. Pero muchos creen que es María Ávila, una monja que vivió toda su vida en ese recinto y que grita para ahuyentar al amor.

Su grito infinito y desgarrador siempre es el mismo: “Noooo volvisteeeee”. Y su lamento supone una trágica historia llena de engaños y pasión.

Un amor prohibido

María Ávila fue una mujer que gozaba de mucho dinero en la época colonial. Como su familia era rica y altamente cristina, tenía muchas restricciones para relacionarse con personas que no fueran cercanas a ella.

Se cuenta que una de las reglas más importantes de sus padres era nunca tener amistad con alguien perteneciente a la clase baja y obrera. Sin embargo, ocurrió lo más temido, conoció a un hombre que la enamoró como nadie.

Su apellido era Arrutia y era conocido en todo el pueblo por ser un Don Juan. María no lo sabía, pero el hombre lo único que deseaba era colarse a la familia y ganar algo de dinero. Como era de esperarse, su familia no estaba de acuerdo y conocían sus malas intenciones.

Con el objetivo de que dejara para siempre a María, la familia le ofreció una jugosa cantidad de dinero. Arrutia aceptó enseguida y se fue a Veracruz sin decirle nada a su “amada”.

Por las noches se oye su lamento

Los hermanos, sabían que su desaparición la hundiría en un mar de lágrimas interminables. Y por eso, optaron por ingresarla a un convento, para que así se olvidará del dolor.

La monja del Antiguo Convento de la Concepción.
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Pero nada salió como estaba planeado, pues la tristeza de María jamás se fue. De hecho, su depresión fue tanta que, meses después, se ahorcó en un árbol de durazno.

Desde entonces, su alma vaga en pena y aún espera el regreso del hombre que sólo la quiso por su dinero. Si escuchas su lamento no te espantes, sólo es su amor que demanda perdón de Dios.

Bárbara García

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